Categoría "B" - Mención: UN VIAJE INESPERADO EN EL TIEMPO
Autor/es: NICK RIVER
Integrante/s:
- Nicolás Efraín Rodríguez
Escuela Nº 53 - Trelew
Hola, mi nombre es Federico, les voy a contar lo que sucedió cuando fui a visitar a mi abuelo el verano pasado. Mi abuelo me contó que había inventado una máquina que recreaba distintos escenarios. Me preguntó si quería entrar, y dije que sí. Así que me pregunto: - ¿A dónde quieres ir?
Yo le dije: - Al principio, donde comienza la vida.
Me explicó que en el principio, no había agua, ni oxígeno, que nuestro planeta se formó hace unos 4.500 millones de años, era un lugar hostil lo que hoy llamamos tierra, muy distinto al que conocemos actualmente; no existía vida alguna, era simplemente un planeta más del Universo. Entre altísimas temperaturas se formó la incandescente corteza terrestre a partir de roca fundida, después se formaron masas de agua aisladas que emitieron vapor que más adelante se mezclaría con los gases liberados en la actividad volcánica, formando así, la primera atmósfera terrestre. Era una mortal cámara de gases venenosos como dióxido de carbono, metano y sulfuro de hidrogeno, que teñían el cielo de un tono rosado, nada que ver con el cielo que todos vemos hoy, bajo todas estas condiciones aparecieron los primeros signos de vida. Al escuchar este relato y admirado de todo lo que mi abuelo sabía, le dije:
- Abu, cuéntame más, y dime... ¿Qué sucedió después?
- No, Fede, voy a hacer algo aún mejor, te voy a llevar y a mostrar las distintas épocas.
Y fue así que el abuelo me mostró dónde comenzó la vida... De allí, del océano partió el inicio de la vida, dando origen a bacterias y algas que se extendieron y lo más importante, es que estas últimas desechaban oxígeno producto de la fotosíntesis.
Así, cuando el gas se disolvió por completo en los océanos, escapó hacia la atmósfera enriqueciéndola cada vez más, con lo que tomaría su actual color azul. Así fueron pasando los años, uno tras otro... Millones de años pasaron, para que evolucionen las distintas formas de vida, grandes y complejas.
Yo, no podía creer todo lo que estaba viviendo, con cada cosa me quedaba admirado.
- Abuelo, ¡qué impresionante todo! Pero esto recién empieza, ¿no?
- Sí... Ahora te llevaré al período Cámbrico, 510 millones de años atrás. Aquí, vivían las primeras formas de vida, gusanos, esponjas, moluscos... Animales invertebrados, después de 60 millones de años aparecieron los primeros vertebrados como el trilobite... ¡Uy, Fede! ¡Que tarde se nos hizo! Vamos, es hora de ir a dormir y mañana seguimos con este viaje en el tiempo.
- Pero... Yo quiero ver un poquito más...
- No, descansa y mañana seguimos.
Esa noche, no pude dejar de pensar en todo lo que había visto, me sentía como si aun estuviera nadando en el profundo y ancho océano donde todo comenzó...
Al día siguiente, me levanté bien tempranito, me bañé y salí en busca del abuelo. Él me estaba esperando para terminar de contarme la historia de la evolución.
- Ahora veremos la era de los peces. En los 80 millones de años que duraron el período silúrico y el devónico se dieron cambios importantes tanto en la flora como en la fauna. Primero evolucionaron los peces que respiraban oxígeno a través del agua, poco más tarde, estos reinarían en los océanos. Algunos artrópodos marinos se adaptaron a la vida fuera del agua y así aparecieron los insectos, de diversas especies.
Después las plantas crecieron en tierra firme y empezaron a darle color al árido y desolado paisaje.
- Bien, te di la información principal sobre el inicio de la vida en nuestro planeta, ahora te contaré una historia de dinosaurios que pude presenciar gracias a mi máquina del tiempo. Se trata del Gigantosaurios. Este dinosaurio vivió en lo que conocemos hoy como Patagonia y el sur de Chile. Eran dinosaurios carnívoros y casi siempre andaban solitarios.
Bueno, la historia habla de una hembra llamada REINA y su forma de sobrevivir en su ambiente.
REINA acababa de poner su primer camada de huevos y al volver de su cacería, unos dinosaurios habían descubierto el nido; ella llegó justo a tiempo, antes de que destruyeran todo, así logró salvar tan solo un huevo. Se fue lejos del lugar y tiempo después, nació su pequeño hijo, RENY, lo cuido y le enseño a cazar, aunque el pequeño RENY no era tan bueno como su madre. REINA estaba un poco decepcionada de su pequeño, pero ella sabía que él iba a aprender. A medida que pasaba el tiempo y cambiaban las estaciones su hijo iba creciendo, así, llego el invierno y REINA tuvo que emigrar hacia otros territorios más cálidos, de lo contrario el cruel invierno acabaría con su cría.
Pasaron los meses y llegó la primavera a la Patagonia, en aquellos tiempos la cordillera de los Andes no existía, todo era una jungla de árboles inmensos y frondosos. Era hora de que el joven que había adquirido más experiencia comience a cazar presas más grandes, solo tenía un problema: RENY era muy impaciente y se aventuró en medio de la jungla solo, sin su madre. Allí, se vio rodeado de otros dinosaurios por lo que tuvo que pelear para sobrevivir. Así fue que aprendió su primera lección.
REINA sabía que los días junto a su cría se acabarían ya que ahora se podía valer por si mismo. Para ella, fue difícil despedirse de RENY pero el ya era grande y tenia que comenzar su camino solo. El joven tenía que superar ahora su primer reto, buscar alimento, era un poco complicado ya que él no había cazado solo, siempre había tenido la ayuda de su madre, justo cuando comenzaba a caer la noche tuvo suerte de encontrar un dinosaurio más pequeño... Lentamente se le acercó... Y de un solo salto, lo cazó.
Aunque transcurría el tiempo, REINA no había olvidado a su pequeño y cada noche contemplaba el inmenso cielo buscando alguna estrella que le cuente algo sobre su hijo, lo mismo ocurría con RENY aunque ya había armado su nueva familia, en cada puesta de sol, recordaba a su madre...
- Abu, qué lindo lo que me contaste, la verdad es que quisiera que el verano no termine, así podemos seguir compartiendo estos momentos.
- Sí, Fede, a mí también me gustaría pero cada cosa tiene su tiempo, así como en la historia de REINA y RENY.
- ¡Gracias, abuelo, por todo lo que me enseñaste! Este fue el mejor verano de mi vida...
Como verán tengo un abuelo que vale oro, de todo lo que él vivió sacó una enseñanza, la compartió conmigo y ahora yo la comparto con ustedes, espero que hayan disfrutado de mi abuelo al igual que yo... Creo que en otro momento nos podemos encontrar... Y viajar con el abuelo en el tiempo.
FIN